Christos Mantzoros, catedrático de Medicina de Harvard: «Dormir la siesta se relaciona con una reducción del estrés beneficiosa para el metabolismo»

Christos Mantzoros, catedrático de Medicina de Harvard: «Dormir la siesta se relaciona con una reducción del estrés beneficiosa para el metabolismo»

Christos Mantzoros, catedrático de Medicina de Harvard: «Dormir la siesta se relaciona con una reducción del estrés beneficiosa para el metabolismo»

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La siesta ha dejado de ser un cliché para convertirse en una pieza seria del rompecabezas metabólico. El endocrinólogo de Harvard Christos Mantzoros la mira con lupa: menos estrés, mejor metabolismo, menos ruido en el cuerpo. La pregunta ya no es si dormimos, sino cómo y cuánto.

Una compañera cierra el portátil, reclina la silla y cae en una siesta de diez minutos. Vuelve con la mirada clara, los hombros abajo, el gesto ligero. Yo sigo con el café tibio y la mandíbula apretada. Afuera, la ciudad ruge; adentro, su pulso parece distinto. Ese pequeño paréntesis hace algo invisible, pero real. Lo notas en la piel, en el tono de voz, en la paciencia que aparece. No era pereza.

Siesta, estrés y metabolismo: lo que dice la ciencia y lo que sentimos

Christos Mantzoros, catedrático de Medicina en Harvard y referente en metabolismo y hormonas como la leptina, lo resume con claridad: **siestas cortas** se asocian a una bajada del estrés que favorece procesos metabólicos finos. Menos cortisol circulando, mejor control de la glucosa, hambre menos impulsiva. La escena cotidiana cuadra con la fisiología: un descanso breve activa el sistema parasimpático, afloja el cuerpo y deja al hígado trabajar sin sirenas encendidas.

En encuestas recientes en España, solo uno de cada tres admite echarse una siesta “alguna vez” en la semana laboral. Curioso, porque quienes lo hacen de forma breve reportan más energía por la tarde y menos picoteo dulce. En un pequeño piloto de empresa en Madrid, 18 empleados probaron siestas de 12 minutos en una sala apagada: al tercer día, bajaron quejas de fatiga y subieron los registros de foco en tareas repetitivas. No es épico. Es concreto.

La lógica biológica acompaña. El estrés sostenido dispara cortisol y adrenalina; el páncreas responde con más insulina y el músculo se vuelve terco. Viene la niebla mental, luego el antojo. Un reinicio rápido a media jornada frena esa curva y recalibra ritmos circadianos, ese **reloj circadiano** que ordena hormonas y apetito. No es magia, es permitir que el sistema nervioso toque tierra unos minutos y deje de actuar como si todo fuera urgente.

Cómo siestear bien sin estropear la noche

El método que más se repite en laboratorios del sueño es simple: 10 a 20 minutos, idealmente entre las 13:00 y 16:00, en un lugar oscuro o al menos con luz tenue. Ojos cerrados, respiración lenta, nada de notificaciones. Algunos usan la “coffee nap”: beber un café rápido y dormir 15 minutos; al despertar, la cafeína ya sube y limpias la modorra. Si te pasas de 25 minutos, es más fácil caer en sueño profundo y despertar aturdido.

Seamos honestos: nadie hace eso todos los días. A veces la siesta cae en el metro, en el coche aparcado, en el sofá incómodo. Aun así, dos normas salvan la tarde: corta y temprana. Si te despiertas confuso, camina cinco minutos, traga agua, busca luz natural. Tu cuerpo aprende con ritmo, no con heroicidades. Todos hemos vivido ese momento en el que el sueño te dobla, y no se trata de pelearlo, sino de ponerle marco.

Si te descubres con siestas largas o tardías, revisa el nocturno: quizás no estás durmiendo lo que necesitas y la siesta tapa un agujero mayor. Mantzoros insiste en el estrés como llave metabólica y la siesta como herramienta pequeña y accesible.

“Dormir la siesta se relaciona con una reducción del estrés beneficiosa para el metabolismo”, recuerda el catedrático griego-estadounidense, con décadas estudiando cómo las hormonas dialogan con nuestros hábitos.

  • Ventana ideal: 13:00–16:00
  • Duración: 10–20 minutos
  • Ambiente: oscuro, silencioso, fresco
  • Plan B: “coffee nap” de 15 minutos
  • Despertar: luz + agua + breve movimiento

Lo que cambia cuando el cuerpo baja el volumen

Un descanso corto rebaja la alerta simpática y suaviza el pulso. Ahí el cortisol desciende, la leptina y la grelina se ordenan y el cerebro reclama menos azúcar rápido. Comer se vuelve menos defensivo. La tarde ya no es una cuesta arriba, sino un llano que permite pensar, decidir y cerrar sin arrastrar los pies. En personas con estrés alto, ese respiro se nota aún más.

Hay quien teme “descuadrar” la noche. Aquí la pauta ayuda: si estás en ventana y no pasas de 20 minutos, el sueño nocturno suele mantenerse. Si puntualmente te duermes más y te levantas nublado, no dramatices. Camina, busca aire, retrasa pantallas un rato. *El cuerpo agradece el ritmo más que la perfección.* Si la siesta no entra, practica una “siesta cerebral”: cerrar los ojos, respirar y dejar que la mente se vacíe dos minutos.

La conversación sobre siestas también es cultural. En España y América Latina tenemos vocabulario para nombrarlas, pero la oficina moderna las esconde. Al otro lado, Harvard Medical School, laboratorios europeos y grupos en Asia coinciden en algo modesto y poderoso: si acortas, ganas. **Estrés crónico** menos ruidoso, metabolismo menos golpeado, tardes con menos fricción. Ahí se juega buena parte del bienestar que no siempre se ve.

Punto clave Detalle Interés para el lector
Duración breve 10–20 minutos evita inercia del sueño Despiertas claro y no rompes la noche
Ventana horaria Entre 13:00 y 16:00 respeta ritmos circadianos Menos choque con el sueño profundo nocturno
Efecto antiestrés Menos cortisol, mejor control de glucosa Menos antojos, energía más estable por la tarde

FAQ :

  • ¿La siesta engorda?Una siesta breve tiende a lo contrario: baja el estrés y ordena el apetito. El problema viene con siestas largas y tardías que desajustan rutinas.
  • ¿Y si no consigo dormirme?Prueba “siesta cerebral”: ojos cerrados, respiración nasal lenta 2–5 minutos. El sistema baja marchas aunque no duermas.
  • ¿La “coffee nap” funciona de verdad?Suele ayudar: la cafeína tarda unos 15–20 minutos en actuar. Te despiertas con impulso y menos somnolencia.
  • Trabajo en turnos, ¿sirve igual?La lógica se mantiene: siesta breve justo antes de tu “tarde” biológica. Ajusta la ventana a tu horario real de luz y sueño.
  • ¿Qué pasa si siempre necesito siesta?Puede señalar deuda de sueño o estrés alto. Revisa duración nocturna, ruido mental y hábitos antes de culpar solo a la siesta.
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